Descartes no prueba el mundo de un golpe. Sube por escalones, y dice él mismo que los dos primeros no alcanzan. Recién el tercero concluye.
Es posible que existan cosas materiales.
Es probable que haya cuerpos.
Existen cosas corporales.
Por qué no alcanza. Sólo muestra que la idea no es contradictoria y que Dios podría crearla. Que pueda crearla no significa que la haya creado: a la esencia de los entes matemáticos no le pertenece la existencia.
Igual es un avance respecto de la Primera Meditación: entonces el mundo material ni siquiera era posible.
Por qué no alcanza. Es un indicio, no una prueba: las ideas de la imaginación podrían ser vacías, sin correlato real.
Lo posible es lo no contradictorio. Lo probable tiene más fuerza, porque algo indica que parece existir — pero sigue sin ser certeza.
Cuando me considero a mí mismo como espíritu, no puedo distinguir partes en mí: soy uno e íntegro. En cambio mi pensamiento puede deshacer en pedazos cualquier cosa extensa.
El alma es indivisible; el cuerpo, divisible. Y lo que difiere en una propiedad esencial no es lo mismo.
Distinción real no es separación de hecho. Dios nos creó como unión de alma y cuerpo, y estamos estrechísimamente unidos.
Lo que se prueba es que son realmente distintas, no que anden sueltas.
La naturaleza me enseña… que no estoy alojado en mi cuerpo sólo como un piloto en su navío, sino que le estoy unido muy estrechamente y como mezclado.— Sexta Meditación
Dato fino: el espíritu no recibe la impresión de todas las partes del cuerpo, sino sólo del cerebro. Y una parte del cuerpo puede ser movida por otra alejada a través de las que están en el medio — de ahí que la señal pueda falsear sin que Dios engañe.
La duda se resuelve en orden inverso al que subió: primero volvió el yo, después la razón y el juicio —con eso cayó el genio maligno—, luego la posibilidad de lo material —con eso cayó el argumento del sueño— y por último los datos de los sentidos.
Se recupera que hay cuerpos, y una nueva función para los sentidos.
Lo que se prueba es que existen cosas corporales, no que sean como las percibo. De ellas conozco verdaderamente sólo lo que cae bajo la geometría: extensión, figura, movimiento, disposición de las partes.
Color, sabor y olor no nos enseñan cómo son las cosas. Los sentidos no sirven para conocer esencias: sirven para preservar el cuerpo.
Existen cosas corporales; aunque quizá no todas sean enteramente tales como las percibo por los sentidos.— Sexta Meditación
El paso decisivo no es empírico: es teológico. Sin Dios como garante, la inclinación a creer que las ideas vienen de los cuerpos sería una inclinación más — y las inclinaciones engañan.
Si el círculo cartesiano no está cerrado, esta prueba tampoco.
La premisa fuerte es el paso de «puedo concebir A sin B» a «A puede existir sin B». Vale sólo si mis ideas claras y distintas alcanzan la esencia de las cosas — y eso, otra vez, lo garantiza Dios.
Objeción clásica: quizá diga algo sobre los límites de mi concepción, no sobre cómo son las cosas.
Si el alma es inextensa y el cuerpo es pura extensión, ¿cómo puede una causar movimiento en el otro? Descartes afirma la unión y localiza el contacto en el cerebro, pero no explica el mecanismo.
Es el problema de la interacción, y va a ocupar a toda la filosofía posterior.